Ápex es una de esas películas que no se complican demasiado buscando reinventar el thriller de supervivencia, pero sí saben cómo mantenerte en tensión. La historia sigue a Sasha, una mujer atravesada por el duelo que se interna en la naturaleza australiana buscando paz, aunque lo que encuentra es algo muy distinto: una persecución brutal en la que pasa de exploradora a presa. Desde ahí, la película juega una carta bastante clara, la de la adrenalina, el vértigo y la resistencia física.

Lo mejor que tiene está en la puesta en escena. El director de Everest sabe muy bien dónde colocar la cámara para que la sensación de peligro se sienta en el cuerpo: en las alturas, bajo el agua o entre la densidad de la selva. Ápex funciona cuando apuesta por lo físico, por esa sensación de caída, de cansancio, de desesperación. Y en ese terreno, Charlize Theron vuelve a demostrar que tiene una presencia enorme para este tipo de cine, sosteniendo la historia desde la acción, la intensidad y la resistencia.

También suma bastante el trabajo de Taron Egerton, que construye un antagonista incómodo, inquietante y convincente. Sí, es cierto que la película sigue una fórmula bastante conocida y en varios momentos deja ver demasiado hacia dónde va. Pero aun así, termina funcionando por la eficacia con la que maneja el ritmo y por su capacidad para convertir una historia familiar en una experiencia tensa y entretenida.

En ese sentido, Ápex no sorprende tanto por lo que cuenta, sino por cómo lo hace. Es un thriller a contrarreloj que sabe explotar el paisaje, el peligro y el desgaste físico de sus personajes para mantener el interés. Está disponible en Netflix, y puede gustarle bastante a quienes disfrutan las historias de supervivencia, persecución y tensión sostenida.