Supergirl (2026) consigue algo que no era tan fácil: reintroducir al personaje en la gran pantalla sin que se sienta como una simple extensión de Superman. Dentro del mundo que empieza a construir James Gunn tras Superman (2025), la película encuentra muy rápido su propia identidad y deja claro que Supergirl no viene a ocupar un lugar prestado, sino a contar una historia distinta, con otra energía y otra herida emocional.

Aquí no vemos a una heroína armada desde la calma o la esperanza, sino a una chica marcada por un duelo no resuelto, con una forma caótica de enfrentar la vida. Desde el arranque, la película deja ver esa diferencia: Supergirl sale a celebrar su cumpleaños en un lugar donde el sol le quita los poderes y le permite sentir como cualquier otra persona, entregándose al exceso, al descontrol y a esa necesidad de escapar de lo que lleva por dentro. Ese enfoque le da al personaje una dimensión mucho más humana, más rota y también más interesante. Además, la presencia de Krypto, a quien conocimos en el Superman de Gunn, suma bastante al carisma de la propuesta.

Uno de los mayores aciertos de la película es justamente cómo marca la distancia entre Superman y Supergirl. Mientras él representa una idea más luminosa, ella viene atravesada por el dolor de haber vivido la destrucción de Kriptón de otra manera, y eso endurece su mirada y su manera de actuar. Ahí está buena parte de la fuerza de la película: en mostrar que no es una “Superman femenina”, sino una superheroína con rasgos propios, con conflictos propios y con decisiones que solo ella tomaría. Milly Alcock logra sostener muy bien esa versión del personaje y le da presencia, personalidad y vulnerabilidad.

Lo que menos me funcionó fue el villano. Aunque hay una intención visual que por momentos recuerda a Mad Max, ese antagonista no termina de conectar ni de estar a la altura del viaje emocional de la protagonista. Aun así, Supergirl (2026) funciona porque entretiene, presenta muy bien al personaje y deja claro que hay espacio para una historia profunda y diferente dentro de este nuevo universo. Y eso, para una película que tenía la tarea de hacer que el público volviera a mirar a Supergirl en serio, ya es un logro importante.