Crítica de Amor y muerte: Elizabeth Olsen brilla en esta miniserie
Amor y muerte arranca casi como una historia íntima, incluso romántica, pero poco a poco se convierte en otra cosa: un drama criminal con bastante suspenso y una tensión que va creciendo sin necesidad de exagerar. Basada en un caso real, la serie se mete en la vida de una mujer casada, con hijos, religiosa y perfectamente integrada en una comunidad de Texas de fines de los 70, hasta que una relación prohibida termina empujándolo todo hacia la tragedia.
Lo que mejor hace Amor y muerte es mostrar cómo detrás de esas familias perfectas y esos entornos marcados por la religión y las apariencias, también hay deseo, frustración y una represión que tarde o temprano termina explotando por algún lado. La serie sabe moverse entre géneros con mucha naturalidad: empieza desde un lugar emocional, se va cargando de incomodidad y termina entrando de lleno en el terreno del crimen y el suspenso psicológico.
También ayuda mucho el trabajo del elenco. Elizabeth Olsen sostiene gran parte del peso dramático con una actuación muy sólida, mientras Jesse Plemons vuelve a demostrar por qué siempre suma presencia en pantalla. Lily Rabe también aporta a una historia que funciona no solo por el caso en sí, sino por cómo pone el foco en lo que una comunidad intenta esconder bajo la idea de normalidad.
Con 7 episodios, Amor y muerte es una miniserie que engancha tanto por el crimen real como por todo lo que construye alrededor: la culpa, la represión, las apariencias y el deseo de romper con lo prohibido. Está disponible en Netflix, y funciona muy bien para quienes disfrutan las historias donde el drama personal y el crimen terminan mezclándose de forma inquietante.
