Memoria de un asesino: cuando un sicario empieza a perder la memoria
Memoria de un asesino parte de una idea muy efectiva: poner a un asesino a sueldo frente a algo que no puede controlar, su propia memoria. La serie sigue a Angelo, un viudo con una hija embarazada que intenta sostener una vida normal mientras mantiene en secreto su trabajo como sicario. El problema es que empieza a mostrar signos de Alzheimer, y a partir de ahí su doble vida comienza a desmoronarse.
La serie juega con varios elementos clásicos del thriller criminal: el asesino elegante, los jefes poco confiables, los secretos, los trabajos que se complican y esa conexión emocional que termina poniendo todo en riesgo. En ese sentido, Memoria de un asesino no reinventa el género, pero encuentra su gancho en esa pérdida de control que vuelve todo más inestable y más peligroso. Ya no se trata solo de escapar de enemigos externos, sino también de una mente que empieza a fallar.
Lo más interesante está en cómo cruza el crimen con el deterioro personal. Angelo no solo debe lidiar con su oficio, sino también con su familia, con su hija y con la posibilidad de que los dos mundos choquen de la peor manera. Ahí es donde la serie encuentra su costado más inquietante, porque convierte una historia de sicarios en algo más íntimo, más frágil y bastante más humano.
Con 1 temporada y 10 episodios, Memoria de un asesino funciona mejor cuando se apoya en su conflicto central que cuando se entrega a los clichés del género. Puede tener cosas conocidas, sí, pero su premisa tiene la fuerza suficiente para sostener el interés. Si te gustan las series de crimen con un costado psicológico fuerte, aquí hay algo para mirar.
